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Feminismo

Actualizado: 10 de may de 2020


Empecemos por el final: las cosas no están bien para las mujeres hoy, eso lo dijo Simone de Beauvoir en 1967 y es con la frase que comienzo yo hoy en 2020.


Más de 50 años después vemos que si bien algunos países han avanzado mucho en su camino hacia una mayor igualdad de género, la discriminación contra las mujeres y las niñas sigue existiendo en todos los rincones del mundo. Discriminación que al prolongarse va empeorando y hasta normalizando problemáticas sociales que afectan y menoscaban los Derechos Humanos de las Mujeres.


Las expectativas, los estereotipos y los prejuicios de género que se normalizan, moldean relaciones de poder entre hombres y mujeres que provocan situaciones de desigualdad en multiples ámbitos y que terminan generando problemáticas sociales pandémicas que afectan a la sociedad en su conjunto.

Una mujer es definida como mujer por lo que la sociedad, históricamente, establece e impone, y no por lo que ella quisiera ser.  Una mujer ya esta influida sobre su género hasta incluso antes de nacer; el color rosado, el bebé muñeco y el juego de tazas. Estereotipos ligados a la feminidad la identifican con el servilismo, con la maternidad, con un hiper sentimentalismo, con una limitada funcionalidad y hasta con cierto nivel de inteligencia (Ruiz-Navarro, 2020).

Durante la niñez y adolescencia se van fortaleciendo estos estereotipos conforme a lo que debiéramos ser y sobre todo también, a lo que no. Les decimos a las niñas que justamente por su condición de mujer y de niña, no son capaces de muchas cosas: “las niñas no hacen esto”, “las niñas no hablan así”, “comportate como una princesa”, y en la adolescencia las seguimos reforzarmos actitudes y comportamientos: “arreglate más femenina”, “de plano estás en tus días”, “no puedes salir sola”, “deja que él maneje”, “atiende a tu papá”, “cuida a tus hermanos”. Todos estos mensaje, algunos negativos y otros represivos, se repiten dentro de la familia, en la escuela, en el vecindario, en los medios de comunicación, se van repitiendo tantas veces que los terminamos creyendo como lo normal y correcto, cuando realmente restringen tu cuerpo, tu capacidad y tu voluntad.


Al crecer, a mujeres jóvenes y adultas, les limitamos toda capacidad al adoptar y reproducir prejuicios. Como sociedad, automáticamente les construimos los techos de cristal y también los techos de cemento: “No puedes estudiar una ingeniería, es mucha matemática”, “no puedes hacer boxeo, es un deporte que solo hombres lo hacen”, “no puedes salir de esta casa sin antes casarte”, “no puedes ser política, las mujeres pierden más”, “no puedes no tener hijos”, “no puedes tener un trabajo y familia a la vez”, no puedes, no puedes, no puedes. Es inevitable saber que todo esto se traduce a una escasez y subrepresentación de mujeres en ámbitos como el político, académico, científico, tecnológico, empresarial y un exceso de mujeres en trabajos no remunerados, trabajos de bajo perfil, trabajos sin oportunidad a ascenso y en un sinfín de desigualdades.

Pero no se los digo yo, este espacio no solo es mío, es de muchas mujeres más, y por eso les contaré en una oración su historia:

- Gaby: Solicité un trabajo en tecnología, al terminar la entrevista casi sentía que me iban a contratar, les respondí que tengo una bebé y automáticamente me rechazaron.

- Laura: Trabajo en una firma de arquitectos, el cliente no toma mi opinión en serio como la de los hombres.

- Mariana: Como abogada quería hacer mi práctica en un tribunal, me dijeron que no aceptan mujeres, que el puesto le va mejor a un hombre.

- Gimena: Cuando digo que soy madre soltera, parece que estoy diciendo que cometí un delito.

- Carmen: Cuando doy mi opinión, retan mi liderazgo.

- Linda: Al decir que yo seré la maestra del curso, por mi estatura y género, no me creen al principio.

- Yohana: tengo más de 40 años y aún recuerdo que mi papá quería un hijo varón.

Como sociedad nos damos cuenta que con nuestras actitudes y comentarios, casi imperceptibles por lo normalizados que están, sobre lo que creemos que deberían de ser las niñas y mujeres, estamos moldeando e impregnando en la cabeza y corazón de cada una de ellas, esas desigualdades que comienzan de manera individual, se reflejan de forma colectiva y terminan siendo estructurales.


Es así como los estereotipos de género van formando relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres, que con el tiempo se normalizan y hasta legislan, se manifiestan en diversas y sistemáticas violencias de género que los primeros ejercen sobre las segundas: Pandemia de femicidios, embarazos y matrimonios infantiles, subregistros de violencia doméstica, acoso sexual sin castigo, romantizar la violencia de pareja, entre decenas de ejemplos más.


Ante todas estos atropellos e injusticias, hayamos consuelo, fuerza y apoyo en el feminismo. Estos lentes especiales que nos dan respuestas y ayudan a desprogramar muchos comportamientos nocivos que nos afectan a todos, pero especialmente a todas (Ruiz-Navarro, 2020). El feminismo puede ser algo tan sencillo y profundo como la lucha social para el reconocimiento de la igualdad, dignidad y plena humanidad de mujeres y hombres, como también algo complejo y paulatino, como lo es el propio y personal proceso de descubrimiento de que somos feministas.


Aún así amigas, el feminismo lamentablemente no es un privilegio, es una responsabilidad heredada. Comenzando con la responsabilidad de recuperar nuestros cuerpos, porque mi cuerpo, aún mío, no es mío en su totalidad, le pertenece a la inseguridad de este país al no permitir que disfrute mi derecho de libre locomosión por miedo, le pertenece al acosador por incomodarme al usar la ropa que a mi me gusta, a mi jefe que me dice que la ropa de oficina es falda y tacones, a mi pareja que no le gusta que me vista de cierta forma, a los estándares comerciales de belleza que cuestionan la forma de mi cuerpo.


Y si el feminismo nos ha dado tanto, ¿por qué crea tanta resistencia? Porque retamos lo normalizado, todas esas asociaciones de ideas, imágenes y conceptos que nuestro cerebro concibe culturalmente como naturales. Cuando pensamos en un líder, cuál es la imagen que se nos viene a la mente? En un hombre, alto, bien vestido, pelo corto, mozo y fuerte. El feminismo viene a retar esto, viene a decir con voz fuerte y conscisa que las mujeres, en toda nuestra diversidad, también tenemos la capacidad de liderar, de tomar decisiones, de planificar, de sobresalir, de prevalecer, de ganar.


Por eso es necesario que el feminismo deje de ser “una mala palabra”, es importante enseñarlo como algo aspiracional e inspirador (Ruiz-Navarro, 2020). Agradezco a todas las mujeres que han sido parte de esta lucha, reconozco que sin ellas, sin su valentía y visión, no tendría yo la oportunidad de estar hoy acá y de hacer lo que hago, y por eso mismo también siento la responsabilidad de continuar y aportar desde mis propias características y espacios a la igualdad de género, para que las siguientes generaciones gocen de más derechos y privilegios de los que a mi generación hoy se les niegan: “porque fueron somos y porque somos serán” (OIJ, 2020).


Y es así como nace UNIDAS:

El 01 de julio de 2019, un grupo de 20 mujeres jóvenes marquenses nos propusimos fundar la primera Escuela de Liderazgo para Mujeres en San Marcos. Su nombre, UNIDAS, representa la unión que debemos de tener en esta lucha, “solas podemos avanzar, pero unidas llegaremos más lejos”.

Desde el principio tuvimos muy claro:

- Que iba a ser en San Marcos porque es necesario descentralizar nuestra lucha.

- Que necesitábamos de un lugar propio, para ser nosotras mismas, en donde sentirnos seguras y bienvenidas.

- Que debemos de brindarles más herramientas a más mujeres, y qué mejor que hacerlo a través de la Educación.

- Que el cambio tiene que ser cultural.

- Que entonces nuestra misión sería formar a más mujeres líderesas en el departamento.


8 meses después, ya estamos a una sesión de graduar a dos grupos, un total de 24 inspiradoras, fuertes y admirables mujeres de nuestro primer diplomado “Mujeres Activando”, junto a la organización argentina Asuntos del Sur. La alegría que siento es indescriptible, en este mismo proceso yo también he aprendido:



- Que no hay un solo feminismo, sino varios y diversos feminismos que son definidos por la interseccionalidad de nuestras propias características que moldean nuestra lucha.

- Que para el empoderamiento femenino no hay límite de edad.

- Que necesitamos crear más redes de apoyo entre mujeres, fomentar más la sororidad.

- Que el feminismo es innovación.

- Y que ya es momento de dejar de decir que fuimos las primeras mujeres en lograr algo, para decir que ya somos muchas en hacerlo y así normalizarlo.


Como resumen, las expectativas, los estereotipos y los prejuicios de género que se normalizan, moldean relaciones de poder entre hombres y mujeres que provocan situaciones de desigualdad en multiples ámbitos y que terminan generando problemáticas sociales al violentar los DDHH de las mujeres.


Aplaudo y celebro esta campaña, que los proyectos en su componente comunicacional empleen esfuerzos grandes en visibilizar las tantas situaciones y contextos tan desiguales e injustos por los que las mujeres atraviesan día a día, porque lo que no se señala, lo que no se visibiliza, no existe, y este mundo tiene una enorme deuda social hacia las mujeres que no hay que permitir olvidar.

Para terminar, los prejuicios y estereotipos de género, más su normalización, son los archi enemigos de la igualdad de género. Por eso necesitamos a más personas conscientes y valientes que se atrevan a desafiarlos, necesitamos que más mujeres se den cuenta que son feministas y necesitamos que más hombres abandonen el sistema patriarcal.

Gracias,

Discurso dado el 03 de Marzo de 2020 para el lanzamiento de la Campaña Contra la Discriminación a Mujeres y Niñas de ONU Sida Guatemala.

Bibliografía

Ruiz Navarro, Catalina. (2020). Las mujeres que luchan se encuentran. Bogotá, Colombia. Editorial Penguin.

OIJ. (2020). Campaña por el Día Internacional de la Mujer.

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