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COVID-19 su relación con la nutrición, y la importancia del enfoque de género

La alimentación, se considera un derecho humano, al que por ende todos y todas deberíamos tener acceso de una forma oportuna, los Estados tienen la obligación de generar espacios óptimos para escenarios que permitan la materialización de este derecho, mediante medios, programas y acciones efectivas, que tengan como fin terminar con la pandemia del hambre en el mundo, principalmente aquellos países donde no se tiene acceso a una vida digna, mediante servicios básicos, salud, educación y empleo.

En el caso de Guatemala, que es un país con desigualdades grandes, es importante retomar el tema de Seguridad alimentaria y nutricional, para poder abordar el tema de soberanía alimentaria como la meta ultima para generar un estado óptimo de salud, puesto que este término no solo abarca problemas de desnutrición sino también problemas relacionados como sobrepeso y obesidad, la doble carga nutricional a la cual nos afrontamos.

Esto puesto que los pilares esenciales como la disponibilidad de alimentos, el consumo de alimentos de alta calidad nutricional, el acceso limitado en algunas comunidades y regiones, la utilización biológica de los nutrientes se ve afectado, situación que posiciona a 5 de cada 10 niños con desnutrición crónica y 2 de cada 10 con desnutrición aguda la cual conlleva grandes problemas de morbimortalidad.

Para entender este contexto es importante problematizar esta situación, que conlleva el alto costo de la canasta básica, la escolaridad, el acceso a los recursos financieros, el adecuado uso de los alimentos, la creciente natalidad, que conlleva consigo la alta incidencia de embarazos en adolescentes, el poco uso de métodos anticonceptivos por parte de la población, acciones contundentes como las practicas, los comportamientos y los hábitos de la población, por lo que es necesario que se aborden cada uno de estos problemas estructurales.

Condiciones que se ven vulneradas, por la pandemia COVID-19 que ataca al mundo actualmente, y la economía, y la nutrición es también política y económica, porque lo personal es político, y lo que afecta a la comunidad y a las familias es una situación de todas y todos, esto puesto que la economía guatemalteca se ha visto fuertemente golpeada por esta situación, que conlleva la falta de empleos dignos para todos, puesto que el 69% de la población depende de la economía informal, los sistemas de salud parecen estar a punto de colapso de una crisis que existe más de tres décadas atrás, se incrementan grandemente los números de niños desnutridos, condicionando su vida, al adquirir otra enfermedad que potencie su muerte.

Siendo las mujeres y los niños son los más afectados por estos efectos, y por situaciones de desigualdad en los hogares, que se ve reflejado hasta en las porciones de alimentos que consumen las mujeres, su trabajo no remunerado, la falta de tiempo para recreación y ejercicio, razón por la cual es necesario que el abordaje con enfoque de género para contrarrestar los efectos que esto trae consigo.

Es necesario empoderar a las niñas, adolescentes y mujeres de su alimentación y nutrición, es necesario romper círculos de pobreza y desnutrición, creando en las mujeres una historia de vida diferente, fomentar la participación en la implementación de políticas públicas municipales, departamentales y nacionales, donde las mujeres no sean las beneficiarias solamente, sino también quienes lideren estos procesos. Es importante crear un sentimiento de resiliencia en las comunidades, para poder mejorar la situación ante la crisis, los temas de nutrición para las familias, deben ser en base a una crianza responsable que involucre tanto a mujeres como hombres; porque al hablar de enfoque de género también tenemos que crear un nuevo sentido de las masculinidades, e iniciar a cuidarnos desde nosotras mismas, cuidando nuestra alimentación y salud. Por lo que es importante preguntarnos ¿Qué hago yo para cuidar mi alimentación mi salud efectivamente? ¿Cómo puedo mejorar la situación de vulnerabilidad de las familias de la comunidad donde vivo? ¿Qué acciones podemos hacer en conjunto con otras lideresas y líderes para mejorar la resiliencia?¿Cómo potenciamos que nuestros gobiernos locales aborden estas temáticas?

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